El halcón maltés
The Maltese Falcon
Año: 1941
País: EEUU
Director: John Huston
Guión: John Huston (Novela: Dashiell Hammett)
Música: Adolph Deutsch
Género: Cine negro
Reparto: Humphrey Bogart, Mary Astor, Gladys George, Peter Lorre, Barton MacLane, Lee Patrick, Sydney Greenstreet, Elisha Cook Jr., Ward Bond, Walter Huston, Jerome Cowan
Tradicionalmente, cuando se adapta una novela al cine, suele suceder que las imágenes no hacen suficiente justicia al relato literario, por lo que es bastante complicado encontrar una película basada en alguna obra literaria famosa, cuyas principales críticas son que no ha sabido captar adecuadamente el espíritu del libro. Evidentemente los lenguajes literario y cinematográfico son bien diferentes y no resulta sencillo adaptar un libro que cuente con el beneplácito total de los admiradores de la novela.
Sin embargo, hay directores, como el caso de John Huston, que no tuvieron ese problema. No al menos con la emblemática novela de Dashiel Hammett, el cual es considerado como uno de los creadores de la llamada "novela negra". Huston, adaptó punto por punto esta historia en la que el detective Sam Spade (Humphrey Bogart), se ve envuelto de la mano de su retorcida cliente Brigid O'Shaughnessy (Mary Astor) en una confusa trama en la que diversos personajes persiguen una estatuilla hecha con piedras preciosas.
El director optó por la via más "sencilla" y se limitó poner en imágenes lo que se explica en el libro escrito por Hammet, calcando prácticamente los diálogos (el hecho que el propio Hammett sea el guionista ayudó bastante). Pero, adaptar correctamente un libro, no es sólo ambientar lo escrito, ya que entonces sería demasiado fácil, sino que también hay que acertar con el tono. Ciertamente, Huston supo dar con el tono adecuado, de una historia que bajo la trama detectivesca principal subyacen diversos matices, que acaban enriqueciendo el conjunto final.
En realidad, Huston llevó la historia a su terreno, sobretodo en lo que se refiere al retrato de Kasper Gutman (Sydney Greenstreet) y su cuadrilla (entre los que se encuentran los excelentes secundarios Peter Lorre y Elisha Cook Jr.), como los típicos perdedores hustonianos, a los cuales el realizador arropa con cierto "cariño", exponiéndolos como unos tipos obsesionados por una quimera, algo inalcanzable, que cuando más cerca parecen estar de conseguirlo, más lejos está en realidad (algo también muy hustoniano).
Esta ambigüedad le va perfecta a la temática "negra" que ya de por sí tenía el texto original (no olvidemos que pese al mimo con que los trata el realizador no dejan de ser criminales), aunque no será hasta el final cuando veamos volcar toda una andanada de cinismo e incluso nihilismo, de la mano de su protagonista, como nunca antes se había visto en la gran pantalla. Huston llevó el relato hasta sus últimas consecuencias, y consiguió un final en que se une lo trágico y lo poético junto al escepticismo. Todavía hoy sorprende que una "major" como la productora Warner dejara al realizador acabar el film como lo acabó. Algo que hay que agradecer ya que la película termina como deben terminar todos los films firmados por John Huston.
Para redondear el conjunto, Huston se valió de un lenguaje cinematográfico que acabó dando lugar a un género própio: el cine negro, género no sólo caracterizado por sus tramas, normalmente criminales, sino también por una estética que tiene un especial cuidado en la puesta en escena, aprovechando el blanco y negro para jugar adecuadamente con las luces y sombras de tal forma que acaba siendo un personaje más en el film. A la adecuada puesta en escena, y la excelente interpretación de Humphrey Bogart (El tesoro de Sierra Madre, Casablanca) y Mary Astor (La gran mentira), estupendamente secundada por unos secundarios excepcionales como los mencionados Peter Lorre, Elisha Cook Jr, Sydney Greenstreet, el director sabe dotarles de profundidad, dimensión, de vida en definitiva, creando un particular y ambiguo universo en el que nada es lo que parece, y mucho menos sus personajes, los cuales adquieren una dimensión muy humana, vistos desde una perspectiva eminentemente trágica, algo muy del agrado de Huston. Tratamiento habitual en un director que siempre mostró una especial atracción por los perdedores. Quizás el personaje que mejor resuma la filosofía de Huston, no es el del cínico y práctico detective Sam Spade, sino el de Gutman, de quien, pese a ser un tipo oscuro y que no duda en utilizar a quien sea y lo que sea para conseguir sus fines, no podemos evitar sentir un cierto afecto (a pesar de todo se rige por un código de conducta personal). Gracias a la excelente integración y cuidado de todos los elementos, Huston elabora un film profundo, muy interesante y que es uno de los grandes largometrajes, no sólo del cine negro en particular, sino del cine en general.
| Nota del autor | 10 |
| Nota evasiva | 8,2 |
Filmaffinity : 8,2
CINEol: 7,7
IMDB: 8,4
LGEcine: 8,7

